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La venganza de mi sirvienta...

Cuando yo tenía cerca de trece años en la edad donde se empieza a desarrollar y dejar a un lado la niñez para ser púber, una edad bastante complicada y difícil; bueno en ese tiempo yo vivía en la casa de mis padres llegó a trabajar a la casa una sirvienta de nombre Susana que pronto le llamamos Susi, era una joven mujer de veinticinco años, de buen porte un metro ochenta de estatura, cabello castaño oscuro y rizado, tez morena clara, ojos negros, muy buenas piernas, caderas opulentas pero muy firmes y pechos grandes pero no exagerados y capaces de llamar la atención de cualquier hombre.

Desde el día que llegó me llamó mucho la atención por lo que me fui acercando más a ella, si bien es claro no era una modelo de pasarela me parecía una mujer muy atractiva y me excitaba muchísimo, por lo que quería conocerla mucho más y no era precisamente su intelecto lo que me más me llamaba la atención por lo que traté la forma de verla más allá de la ropa recuerdo que la espiaba por la cerradura de su cuarto cuando se cambiaba para dormir pero no lograba ver nada ya que siempre se desvestía en el extremo izquierdo del cuarto donde me era imposible verla, también trataba de verla por debajo de su falda cuando bajaba las gradas del segundo piso pero como que si supiera mis intenciones se colocaba del lado de la escalera que no me permitía ver dejando únicamente que se asomaran parte de sus piernas lo cual me ponía muy caliente pero yo quería más.

Poco a poco Susi se fue ganando la confianza de todos en la casa por lo que en tiempo de vacaciones yo me quedaba solo con ella cuando mis padres salían a trabajar, lo que me fue de mucha utilidad para mis eróticas intenciones. Seguía pensando en artimañas para poder ver a Susi de alguna forma pero por más que hacía de alguna manera encubierta que se colocara en posiciones incómodas con juegos o cuando hacía el oficio no lograba ver casi nada y esa frustración motivaba más mis intenciones y anhelos, incluso me gustaba registrar en su armario en la gaveta donde guardaba la ropa interior y recuerdo que eso me parecía extremadamente excitante sobre todo al tocar los encajes y costuras de la misma.

Susi a pesar de las intenciones que tenía hacía ella era muy amable y servicial conmigo hasta me llegó a tener mucho cariño incluso cuando no nos miraba nadie me acariciaba en la cara recuerdo que tenía como cosa muy rara unas manos muy suaves y uñas largas para ser una empleada doméstica.

Un fin de semana unos amigos de mis padres los invitaron a pasar el fin de semana a su casa de campo pero la invitación no me incluía a mi por lo que mi madre pensó dejarme donde mis tíos pero recordó lo mal que me llevaba yo con ellos por lo que pensó que me quedaría en casa con la confiable Susi además solo sería una noche que podría pasar. Llegó el sábado y mis padres partieron por la mañana, yo me estaba duchando en el baño por lo que no me percaté, al terminar me di cuenta que en el baño no estaba ni mi toalla ni mi bata de baño que comúnmente siempre se encontraban en dicho lugar por lo que pedí a gritos que alguien me llevara algo, al rato escucho el sonido de unos tacones de mujer y el tatareo de una canción “la, la, la....” pensé que era Susí el sonido se fue acercando a la puerta del baño y esta de repente se abre sin previo aviso y soy sorprendido totalmente desnudo por Susi quien solamente me miró con una sonrisa y yo en ese mismo instante a pesar de sentirme terriblemente avergonzado me pene se erectó en frente de ella lo que me avergonzó aun más ya que además de desnudo estaba excitado. Ella me tomó delicadamente de la mano y me llevó a mi habitación donde se encontraba en mi cama la bata y la toalla, entonces me dijo con voz suave “ya vez que eres demasiado descuidado” me acarició la cara y rozó su pierna con la puntita de mi falo erecto se dio la vuelta y se fue con un aire de satisfacción, yo me quede en la habitación húmedo, desnudo, humillado y terriblemente avergonzado pero a la vez muy excitado, estaba confundido y me di cuenta que Susi había descubierto mis intenciones y se vengaba de mi por lo que pensé que yo me lo había buscado y lo mejor era que hiciera de caso que no había pasado nada.

Me vestí y bajé al primer piso, recuerdo que esa mujer me excitaba muchísimo pero ese día iba especial tenía el pelo suelto, un perfume delicioso (creo que era el de mi madre), un uniforme algo pequeño y ajustado que nunca ante había visto y que permitía que se le trasluciese el calzón además con un escote que me permitía verle el canal de sus pechos adornados con los encajes de su brassier y unos tacones muy altos que terminaba como pequeñas agujas que hacían lucir mejor sus piernas y la sensación de tener más respingado el culo. Cuando me vio se sonrió y me dijo con voz sensual “se te ofrece algo” a lo que yo a duras penas pude contestar que no, esa actitud me produjo dos sentimientos enojo y excitación, me dieron ganas de levantarle la falda pero supuse que eso solo acarrearía más problemas por lo que mejor me tranquilicé.

Más tarde fui a ver televisión a una salita que había en la casa del lado derecho tenía un ventanal, de repente entra Susi y me pregunta otra vez con voz sensual y graciosa ¿no te importa si te acompaño? A lo que yo respondí que no, se sentó muy cerca de mi en el sofá y empezó a hablarme de cosas sin importancia, poco a poco se fue acomodando moviendo sus piernas y dejando que la falda las mostrara como si esa fuera su intención pero siempre con mucha sutileza cuando hablaba se acercaba a mi oído y no dejaba de sonreir yo estaba exageradamente nervioso, en un instante cruzo lentamente sus piernas permitiendo que le mirara todas las piernas y el calzón, yo ya para todo esto tenía mi verguita bien parada y pidiendo a gritos salir de la apretazón de los pantalones de mezclilla que llevaba puestos, ya más en confianza por lo que tímidamente tomé la iniciativa y me senté en la alfombra para ver mejor entre sus piernas lo que a ella pareció no importarle y me permitió aun ver mejor y más abriendo las piernas por momentos. De repente me dijo que mi madre le había dado órdenes de cambiarme de ropa y que notaba que esos pantalones me apretaban demasiado por lo que me dijo “quítate la camisa y yo te ayudo con el pantalón” yo correspondí inmediatamente y en un segundo yo estaba solo en calzoncillo el cual recuerdo era verde y muy pequeño, a pesar de todo ya solo sentía una sensación agradable de excitación ella me preguntó ¿has jugado algo con niñas? A lo cual yo respondí que no, me puso sus manos en la cara y me preguntó ¿te perezco bonita? Acercándose y permitiéndome ver el canal de sus pechos, deslizó la uña de su dedo índice por mi pecho hasta llegar al elástico de mi interior donde se detuvo la introdujo y con un movimiento horizontal el cual repitió varias veces, yo empecé a respirar muy agitado, ella con voz suave me dijo “quítate el calzoncillo” sin esperar yo me paré y le correspondí enseñando mi verguita erecta que en aquel entonces era pequeñita, en ese momento ella que era más alta me abrazó contra sus pechos y empezó a acariciarme y besarme por todo el cuerpo, me acarició los huevos suavemente usando sus uñas como alfileres que producían una sensación deliciosa, después de un rato tenía la pinga al rojo vivo a puto de estallar a causa de tanta delicia, ella muy bien enterada de lo que me sucedía me dijo “aguántame un poquito más” y se empezó a quitar el vestido poco a poco, muy lentamente hasta que lo dejo caer a sus pies quedando solo en brassier y calzón el cual recuerdo era ni pequeño ni muy grande de color rosa con estampado de flores y unos encajes del mismo color en el frente y los tacones, se compuso un poco el calzón se frotó las caderas y me preguntó ¿te gusto? Yo obviamente le respondí que si, caminó hasta un pequeño banquito se sentó y por el porte de la mujer se desbordaban las caderas a los extremos lo que hacía ver un culón delicioso, me acerqué a ella y entonces ese tremendo mujerón me dijo “echate una pajita” yo me quedé atónito (nunca antes lo había hecho), por que le dije con voz entrecortada “no se como se hace”, en ese momento soltó una carcajada y me dijo “ya se lo que te pasa te estas convirtiendo en hombrecito y no sabes como sacar tanta presión, ven te voy a ayudar”, como en ese tiempo era pequeño y ligero me acomodó en sus piernas y empezó a masturbarme y acariciarme los huevos, después me acostó en la alfombra me abrió las piernas y me masturbó con sus manos formando un canal con cada una de sus manos y deslizándolas suavemente una después de la otra como si fuese una penetrada inacabable (realmente funciona), asimismo apretaba suavemente mis huevitos y presionaba mi próstata, por momentos no resistía el tremendo cosquilleo en mis genitales especialmente y en el resto de mi cuerpo, yo gemía como un cachorro y le quería quitar las manos de mi pollita pero no me lo permitía y cuando ya casi acababa paraba y volvía a empezar (es contradictorio, pero la excitación es tal que se vuelve incontrolable, pero exageradamente delicioso), ella no me estaba preguntando que quería, por lo que me dijo en tono de orden “bueno esto lo tenemos que acabar” se dio la vuelta se arrodilló mi cabeza quedó entre su ingle aprisionó las brazos con sus piernas ya se imaginaran con el porte de la mujer como estaba yo, y me siguió pajenado de la misma forma, cuando ya iba a terminar volvió a parar me abrió las piernas y me dijo “ya casi acabamos” aproximó su cara a mi polla la tomó entre sus manos firmemente y la empezó a lamer poquito a poco hasta que se la comió de un solo, y empezó a succionar y a apretarme con las manos los huevos empecé a sentir el mismo cosquilleo insoportable pero exquisito pero que aun me hacía falta para terminar de repente paró y me dijo “la primera siempre cuesta un poquito” agarró con su mano mi huevo izquierdo y le pego un mordisco y lo empezó a lamer regresó a mi pollita y siguió succionando unos segundos más hasta que se empezó a venir la eyaculación. Fue tanta mi excitación que solté un alarido alto y agudo seguido de muchos otros grititos más hasta que se detuvo la sacó de su boca pero me siguió aprisionando con sus piernas yo no sabía que se proponía me empezó a hablar si me había gustado y yo solo le podía responder a todo que si con voz exhausta, después de unos cinco minutos mi verguita ya no estaba parada ella la volvió a tomar entre sus manos y me dijo “vamos chiquito” la empezó a acariciar hasta que se erectó (con un poco de dolor por cierto), se la volvió a meter a la boca y a succionar y con las manos a masajear los huevos en un minuto ya estaba yo al igual que un rato gimiendo y haciendo pequeños lloriqueos de excitación de repente apretó duro mis huevos pero sin lastimar y con un dedo de la otra mano presionó mi próstata y en el instante preciso pegue un chillido y ella retiró su boca me pajeó con la mano y por supuesto vio los fuegos artificiales, nos levantamos del piso y me abrazó, por último me dijo “ya vez lo que te pasa por quererme espiar” “cierra tus ojitos y no los abras hasta que me halla ido o si no te repito el castiguito solo que más duro” nos reímos, cerré los ojos oí que se movía muy cerca de mi me besó en los labios y solo escuché el ruido de sus tacones al caminar abrí los ojos y su calzón y su brassier se encontraban extendidos en el sofá.

Esa fue la paja y la mamada más deliciosa que he tenido en mi vida a los días de los sucedido Susi se fue de la casa porque se casaba con su novio, pero no se fue sin antes una tierna y cariñosa despedida (otra paja)......
 

por Charles

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Solo con la sirvienta (Mi primera vez)

Hola, esta historia es 100% verídica cuenta de mi iniciación sexual algo que nunca se me ocurrió que iba a contar.

Data del año 1979, vivía en una casa inmensa mis padres mis hermanas y yo, la situación económica de la familia estaba bastante floja mis padres decidieron que con el sueldo de una sola persona no alcanzaría, así que mi madre con su experiencia en el arte culinario comenzó a trabajar en una empresa de catering lo cual yo me quedaba apartir del mediodía solo en casa.

Mis hermanas no regresaban hasta la noche y a mi papá de tan poco que lo veía tuvo que dejar una foto para que no nos olvidemos de que existe. Dado a todo este revuelo familiar mi madre contrato a una sirvienta con cama adentro para que se dedique a la casa y que el nene(por mi) no se quedara solo.

La chica se llamaba Noelia de pelo largo color azabache, ojos marrones grandes, de 1,65mt y 50kg mas o menos.

Las medidas específicamente no las recuerdo pero lo que si recuerdo es el cuerpo de modelo que tenia unas curvas perfectas, unos pechos no compatible con su cuerpo, calculo y si no me falla la memoria unos 100 algo fuera de lo común, su cola redondita y parada sus piernas bien rellenitas, era una chica de campo muy sumisa y poco charlatana (esa fue la primera impresión) no como las chicas de la capital que se creen las reinas del mundo.

Me costo mucho conectarme con ella dado que la vergŸenza de ella y la mía no dejaba que nos conectemos. Hasta que decidí tomar la iniciativa y empece a charlar con ella hablábamos de trivialidades, fue lo que dio el punta pie inicial para que nos hagamos amigos.

Me contó que su familia se componía de 10 hermanos el padre la madre y su abuelo de 93 años, eran 7 mujeres y 3 hombres de escasos recursos por eso los padres la mandaron a trabajar a la capital.

Mejor voy al grano todo comenzó cuando empezamos a jugar a la mamá y al papá, juego que todo niño habrá jugado alguna vez, Noelia con sus ocupaciones de la casa no tenia mucho tiempo para jugar pero me dedicaba un ratito para que yo no me aburra.

El juego era hacer todo lo que los padres hacen lo primero que le dije que nos teníamos que dar un beso en la boca cosa que de un primer momento no quiso aceptar pero con un poco de capricho logre que nos besáramos, el primero fue un beso largo con la boca cerrada, después la cosa se calentaba cada vez mas hasta el punto que Noelia jugueteaba con su lengua dentro de mi boca, yo la besaba en el cuello como veía en las novelas, llego a un estado que me besaba con pasión hasta dejarme sin respiración, yo sentía que mi cuerpo ardía y que mi pene aumentaba de tamaño una sensación bastante extraña pero placentera.

Noelia con un cargo de culpa me dijo que por favor no le dijera nada a nadie con toda complicidad y placer le dijo que no se haga problema con la condición de que todos los días juguemos al mismo juego ella acepto y me dijo que seriamos como todos los padres.

Al día siguiente al llegar de la escuela la encontré en su cuarto durmiendo estaba boca abajo destapada estaba con un corpiño blanco y una bombacha que le cubría la mitad de las nalgas esa imagen me éxito muchisimo entonces dado que éramos marido y mujer tendríamos que dormir juntos corrí a mi cuarto me saque toda la ropa dejándome solamente los calzones corrí nuevamente a su cuarto y me recosté a su lado al sentir mi presencia se dio vuelta y del susto se cubrió con la sabana preguntándome que hacia en la cama.

Yo: Té acordas Noelia que ayer jugamos al mamá y al papá?

Noelia: si lo recuerdo!!! - con vos de enojada

Yo: entonces los papas duermen juntos como los míos, por que te enojas?

Tratando de sacarme de la cama y con una vos muy temblorosa me dijo

Noelia: si tus padres nos llegan a ver dentro de la cama me van a echar

Yo: No te preocupes mis padres llegan tarde, fuera de eso me dijiste que hoy jugaríamos al mismo juego que ayer.

Noelia: bueno jugamos un ratito y nos vamos a almorzar.

Yo: bueno!!

Con toda mi emoción comenzamos con los besos apasionados que nos hacia arder el cuerpo de tanto que nos calentamos derrepente sentí que mi pene nuevamente estaba erecto, ella notando esto me dijo que el juego se estaba poniendo muy caliente y que le parecía que teníamos que terminar, con toda la furia y calentura que tenia le dije que ella me lo había prometido.

En acuerdo a su promesa seguimos con los besos bajaba lentamente por su cuello y lo besaba, los suspiro de ella eran cada vez más fuertes se agarraba de mí con fuerza y me pedía que la besara en todo el cuello hasta que note que su pezón escondido detrás de su corpiño estaba duro como una piedra le pregunta si me dejaba tocarlo tomo mi mano y la puso arriba de su corpiño le acaricie el pezón suavemente por medio de un instinto desconocido hasta que metí la mano debajo del corpiño tocando su hermoso pecho, ella con su mano me tocaba mi pene por encima de mis calzones causándome aun mas calentura.

Estabamos que ardía Troya, le pedí que nos sacáramos toda la ropa quedándonos los dos desnuditos, al sacarse la bombacha me encontré con un enjambre de pelos negros que no podía creer y al sacarse el corpiño me encontré con esos dos melones que rápidamente me apodere de ellos, el instinto me llevo a besarlos y chuparle los pezones eso la éxito mas aun todavía me pedía que se los mordiera despacito su excitación aumentaba cada vez que mordía los pezones mientras me tocaba mi pene masturbándolo.

Me pidió que me acostara boca arriba con lo cual le dio la posibilidad de controlar la situación me besaba todo el torso pasaba su lengua por mis pezones hasta llegar a mi pene con su lengua lo lamía lentamente hasta que se lo puso todo en su boca succionaba de arriba para abajo muy lentamente, era algo muy extraño pero el placer era impagable sentía que estaba volando.

Tal era su excitación que con su otra mano se tocaba su vagina al ver esa imagen le dije que ya no aguantaba mas tenia la sensación que me iba a orinar

Sin prestar mucho atención y entretenida con la succión no escucho y termine de mandarle todos ese liquido pesado que salía de mí dentro de su boca lo tragaba como si fuera su manjar preferido al terminar de limpiar todo mi pene se acostó boca arriba y me dijo que yo le hiciera lo mismo que ella me había hecho, ni lerdo ni perezoso baje lentamente y incruste mi boca dentro de ese pelaje negro que rodeaba su vagina con mi lengua chupaba por todos lados hasta que me dijo que le chupara el clítoris que me marcaba con su dedo, al chuparle el clítoris gritaba y gemía sin descanso empujaba mi cabeza cada vez mas fuerte, a todo esto volví a tener una erección, no paraba de gemir me pedía que le pusiera mi pene dentro de su vagina pero despacio por que ella era virgen y no quería que le duela, yo no tenia ni idea de que me hablaba pero de todas manera agarre mi pequeño pene y lo fui poniendo en el lugar que ella me indica lentamente sentía que se perdía dentro de su vagina que estaba mojada, llegue a un punto que empujaba y había algo que no me dejaba seguir, me dijo que empujara fuerte así le podía romper el himen y que seria el primer hombre de su vida, que raro no?, al empujar mas fuerte sentí que todo mi pene se perdía dentro de ella, los gritos y gemidos de Noelia aumentaron por esta fuerte penetración, me movía entre un saque y ponga lo hacia lo mas fuerte posible hasta que acabo en un orgasmo mutuo que nos dejo sin respiración a los dos, me besaba por todos lados y me decía que cada vez que quiera hacerlo estaría a mi disposición, nos abrazamos fuerte con un beso apasionado que nos dejo dormidos por unos minutos.

NUESTRA SIRVIENTA NICARAGUENSE

Mi esposa y yo somos de Costa Rica. Ella tiene 28 y yo 34 años. Llevamos un estilo de vida liberal en donde ocasionalmente practicábamos intercambios de pareja. Mi esposa es bisexual y además de tener "amigos" tiene "amigas" con las que comparte sexualmente. Antes de venir a vivir a Nicaragua, lo común era que un día a la semana, casi siempre viernes, cada uno de nosotros (por separado) saliera con otra pareja. Por lo general yo salía con la esposa de un amigo y mi mujer con mi amigo. Pasábamos una noche de sexo intenso y luego cada quien para su casa.

Pues la cosa es que todo estaba bien hasta que me tuve que trasladar a Nicaragua por trabajo. En Managua vivimos muy cómodamente la falta de opciones sexuales, la condición de extranjeros y la relativa inseguridad de la ciudad nos habían arrinconado, tornando nuestra vida íntima un tanto monótona. No encontrábamos parejas para intercambiar. Tanto mi esposa como yo somos exigentes y no salimos con cualquiera.


Resulta que cuando la primera sirvienta que teníamos renunció, mi esposa tuvo una idea muy interesante: propuso que contratáramos a una sirvienta-amante para los dos. La idea me pareció un poco loca, pero aprovechando la sobreoferta de servicio doméstico barato, pusimos un anuncio y empezaron a llamar muchachas de todos tipos. Fuimos seleccionando y entrevistando jovencitas hasta que dimos con la perfecta: Una hembra deliciosa de Matagalpa, de 21 años delgada, bajita, de piel lisa, con un cuerpo perfecto y una sonrisa preciosa. Se llama Marta.

Después hicimos el plan con mi esposa para seducir a Martica. Nos mostramos muy, muy amables con Marta y la fuimos acostumbrando a vernos desnudos; bueno, yo andaba en bóxer por la casa y mi mujer llamaba a Marta para que la ayudara cuando se estaba vistiendo. Incluso a veces abríamos la puerta del dormitorio para que Marta nos oyera cuando hacíamos el amor ruidosamente.

Finalmente un día, el del cumpleaños de Marta, mi mujer le preparó un pastel y celebramos en la cocina con una botella de vino espumante. Nos encargamos de que Marta tuviera la copa llena y que estuviera muy relajada. Nos acomodamos en el ante comedor, hablamos e hicimos chistes y poco a poco llevamos la conversación hacia temas picantes. Mi mujer le preguntó a Marta que hacia cuanto que no "le daban verga". Marta contestó entre risitas que desde que estaba en Managua. Después, para tentarla, mi esposa le confesó que yo en cambio le daba verga todos los días. Cuando íbamos por la segunda botella, Marta que no esta acostumbrada, ya se veía un poco pasadita. Mi mujer y yo comenzamos a besarnos y a tocarnos descaradamente frente a Marta. Ella se veía excitada pues sonreía y no nos quitaba los ojos de encima. Después de un rato mi mujer me detuvo y me dijo en voz alta.

-Amor, ya es hora de que le des su regalito a Marta-. Yo me levanté y me coloqué detrás de Marta que permaneció sentada. Empecé a acariciarle los hombros con un suave masaje. Por un instante ella se puso tensa, pero después se relajó y lo comenzó a disfrutar. Bajé por su pecho y me incliné hasta besarle la mejilla. Mi mujer miraba todo sonriendo y preguntándole a Marta si le gustaba. Como no opuso resistencia, comencé a acariciarle las tetas por encima del vestido mientras le besaba la boca. Ella me agarró por el pelo y comenzó a meterme la lengua dentro de la boca como una loca. Estaba excitadísima. La detuve y le llevé la mano hasta mi verga que para entonces estaba durísima. -Este es tu regalo, Marta ¿Quieres abrirlo?- le pregunté. Ella solo asintió con la cabeza. La tomé del brazo y la llevé hasta la sala. Allí la desnudé y la puse a mamarme la verga un poco y después yo le correspondí hasta que se vino en medio de gritos. Después la acomodé y le metí la verga en su coñito estrecho y delicioso. La pobre Marta estaba loca de felicidad. Finalmente, mientras Marta se estremecía con un nuevo orgasmo, saqué la verga y le cubrí el abdomen y el ombligo con mi leche. Mi mujer, que se había estado masturbando sentada en un sillón, no pudo más y se lanzó sobre Marta y con la lengua le limpió el semen mientras la pobre recuperaba el aliento. Cuando mi esposa terminó de limpiar el semen siguió con las tetas. Ella se puso un poco nerviosa, pero yo le dije que mi mujer también "le tenía regalito". Marta cerró los ojos, y supongo que afectada por el vino, se dejó lamer la concha hasta que llegó por tercera vez. Yo había disfrutado la escena mientras me recuperaba y cuando Marta se corrió, mi mujer se fue sobre mi verga como una leona en celo y comenzó a mamarla hasta que se me volvió a parar. Nos colocamos para que Marta pudiera disfrutar el "show" y me cogí a la puta de mi mujer como a una perra, en cuatro patas. Los ojos de Marta se le querían salir. Mi mujer gritaba y chillaba más de la cuenta, para excitar a nuestra "inexperta" sirvienta. -Dame verga, papito! dámela toda! Si! Si... así!! más!!- gritaba mi mujer -soy tu puta! culéame! culéame duro!- me pedía mientras Marta miraba sin perder ni un movimiento. Finalmente mi mujer se vino y le saqué la verga. Ella se dio vuelta y me la mamó como nunca antes hasta que loco de gusto le llené la boca y las mejillas con mi leche. Después de esa noche, comenzamos a "entrenar" a Marta y ahora es una puta experta e insaciable. Le encanta el sexo anal y aprendió a chupar a mi mujer mejor que yo. Marta sigue siendo "la sirvienta", duerme en su propia habitación, hace el oficio doméstico, no le permitimos que nos "tuteé", etc. Pero cuando mi esposa o yo sentimos ganas, que es casi a diario, buscamos a Marta. Aunque somos muy cariñosos con ella, decidimos mantener cierta distancia emocional para hacerlo más interesante, más "clandestino", y nos ha funcionado muy bien. Lo mejor de todo es que no tenemos necesidad de andar en la calle exponiéndonos a los peligros y las enfermedades. Los tres somos muy felices con nuestro arreglo privado.

Después de que mi mujer y yo seducimos a Marta el día de su cumpleaños, en realidad pasaron más de dos semanas antes de que me la volviera a coger. Tuvimos el problema de que ella se sentía confundida; y no era para menos. Nos esquivaba al principio y se encerraba en su cuarto cuando no tenía oficio.

Mi mujer se dio cuenta y comenzó a pasar más rato con ella. Hacían el oficio juntas, preparaban la cena, veían tele y después de unos días ya había vuelto a tomar confianza. Yo seguía coqueteándole, le tocaba el culo cada vez que pasaba cerca y le hacía cumplidos sobre su cuerpo. Ella se ponía nerviosa y me rehuía con una sonrisa.

En esos días mi mujer comenzó a comprarle ropa a Marta. Más sexy y de mejor calidad que la que tenia. Eso si, encima siempre debía usar delantal. También le compró sandalias con tacón y pantimedias. Le enseño a maquillarse, a tomar la píldora y a arreglarse como a mi me gusta.

Según me contó mi mujer, una de esas tardes en que las dos miraban telenovelas. Mi mujer empezó a acariciarle el cabello y a mirarla con deseo. Su episodio lésbico con mi mujer el día de su cumpleaños había sido bajo los efectos del vino, pero en realidad nunca había hecho nada más. Mi esposa le dijo con voz melosa -Martica, quiero que tú y yo seamos buenas amigas. Si quieres que mi marido te siga dando verga, tú y yo tenemos que ser buenas amigas o sino me voy a poner muy celosa-. Detrás de su dulzura había una clara amenaza que Marta entendió-. No se si por temor o por convencimiento, Marta se volvió y aceptó -Si señora, yo soy voy a ser su amiga- y le dio un besito de paloma en la boca. Mi mujer la tomó por la cabeza y la besó como se debe, con toda pasión, hundiendo su lengua dentro de la boca de Marta y apretándola contra su cuerpo. Marta se fue relajando poco a poco y comenzó a corresponderle.

Poco a poco la emboscada de mi esposa se hizo evidente y antes de que terminara la novela, mi mujer estaba lamiéndole el coño hasta que llegó al orgasmo. Mi mujer no dejó de darle placer hasta que estuvo segura de que Marta había tenido por lo menos cinco orgasmos. Cuando terminaron, Marta sonreía exhausta con una lágrima suspendida en la mejilla. Después de esa tarde mi mujer la tocaba y besaba cuando podía enfrente de mí, pero Marta solo se desinhibía estando a solas con mi mujer.

Por esos días mi mujer le empezó a mostrar películas XXX de nuestra colección y empezaron a hablar con más soltura de sexo. Al principio Marta no podía creer las cosas que veía en las películas: lesbianas, sexo en grupo, sexo anal, etc. Pero mi esposa se encargó de hacerle saber que nosotros disfrutábamos de todo eso.

Uno de esos días, cuando yo estaba a punto de culearme a mi mujer, ella se levantó de la cama y llamó a Marta. Marta llegó, con un trapo en las manos: estaba lavando platos. -¿Diga la señora? preguntó. Mi mujer le dijo sin tapujos desde la cama -¿Quieres ver como volamos?- Marta se ruborizó, pero en lugar de marcharse, se sentó en la sillita del tocador. Mi mujer comenzó a desnudarme. Me besaba y me tocaba muy apasionadamente. Cuando estábamos desnudos los dos, Marta clavó sus ojos en mi verga. Yo comencé a exhibirla para que la viera bien y mi esposa la agarraba ávida y se la metía en la boca. Los dos retozábamos en la cama frente a la cara de excitación y sorpresa de nuestra sirvienta.

-¡Venga papito...! déme una vergada bien rica!- me invitaba mi esposa, mostrándome el culo y moviéndolo como una puta de cabaret. Yo me retrasaba para esperar más invitaciones de ese tipo. -Déle verga a su hembra, papi. Déme una buena culeada!- me suplicaba. Me coloqué detrás de ella y comencé a meterle la verga lentamente. Ella gritaba como si estuviera en llamas. -¡AAHHHYyyy, sii... si... si... Que rico, cabrón ¡déme más!-. Siempre me excita la forma en que mi muy elegante y refinada esposa se vuele una camionera cuando está excitada. A los pocos minutos, fingió- un orgasmo explosivo y cayó jadeando en la cama. Yo entendí que quería reservarme para Marta.

Cuando recuperó el aliento, le sonrió a Marta y le preguntó -¿Te gustó, Martica?- Ella asintió con la cabeza mientras sonreía en silencio. -Pues ahora te toca a ti- Marta se disculpó levantándose nerviosa, pero yo le cerré el paso y así desnudo y erecto como estaba empecé a acariciarla y a besarla. Le apreté las tetas por encima del vestido y mientras le alzaba el vestido le lamía las orejitas. Su suave perfume me tenía loco. Mi mujer miraba sonriente desde la cama.

Le quité el vestido casi a la fuerza mientras entre risitas de vergüenza me decía que no. Cuando la tuve en calzones, comencé a besarla en la boca y luego a chuparle las tetas mientras mis manos recorrían sus deliciosas nalgas. Poco a poco ella comenzó a agarrarme la verga a lo que aprovechaba para preguntarle -¿Te gusta, Martica?,... Te la voy a ensartar bien rico...! -Acosté a Marta boca arriba en la cama y me acomodé entre sus piernas abiertas. Le corrí el calzón un poco y comencé a meterle los dedos. Estaba empapada. Después acomodé el glande y subí sus piernas encima de mis hombros. De un tirón, se la hundí mientras ella chillaba de felicidad. Mi esposa se acercó y comenzó a besarla en la boca mientras yo la bombeaba; más precisamente, le chupaba y la lamía la boca a nuestra sumisa sirvienta. Mi verga salía y entraba profundamente de su vagina tibia. Estaba que se reventaba de la excitación al verlas besándose tan rico. Cuando ella empezó a convulsionar por los orgasmos, le dejé ir la leche y le dejé la verga adentro hasta que se encogió. Me acomodé al lado de Marta a descansar.

Mi mujer tomó mi lugar y se acomodó arrodillada sobre la cara de Marta. Marta ya sabía lo que tenía que hacer. La chupó con maestría mientras mi mujer jadeaba y alcanzaba orgasmos (verdaderos) sosteniendo la pared con ambas manos. Yo estaba fascinado con el "show", pero mi verga no respondía. Después de alcanzar su satisfacción, mi mujer se acostó a mi lado y me abrazó feliz. Marta se limpiaba los fluidos de mi mujer con la almohada. Después mi esposa le ordenó a Marta que me chupara la verga. Ella obedeció y empezó a meterse en la boca mi verga flácida. Con la lengua me fue estimulando y antes de lo que me imaginó, mi pene parecía un poste de luz en el desierto.

Mi mujer pidió en secreto que se la metiera por el culo para que Marta viera, por primera vez una penetración anal. Nos acomodamos y le lamí el ojete un rato, penetrándola con la punta de la lengua.

Después agarré la vaselina de la mesa de noche y se la unté generosamente mientras le metía dos dedos. Ella tenía la espalda arqueada, la cara en la almohada mirando a Marta con una sonrisa y el culo totalmente parado. Mi glande entró lentamente mientras mi mujer se relamía y suspiraba de gusto. Le puse una mano en la cadera y con la otra alcancé el clítoris. La culié como 15 minutos frente a la cara de asombro y lascivia de Martica. Estaba fascinada, viendo a escasos 10 centímetros como la verga de su patrón le llenaba el culo a la patrona. Cuando terminamos, yo estaba agotado, pero con una sonrisa en los labios. Mientras le acariciaba la mejilla a Marta le prometí -mañana te toca a ti!-.

Después les cuento como resultó Marta para el sexo anal y que otras cosas aprendió más pronto y mejor de lo que nos imaginamos.

Autor: Julián y Judy

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